Robot de compañía para personas mayores: qué hacen hoy

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Hay una escena de la robótica doméstica que me interesa mucho más que ver a un humanoide correr, saltar o levantar una caja.

Es mucho menos espectacular.

Una persona mayor está sola en casa. Es media mañana. En el salón hay un pequeño robot.

No está fregando.

No está haciendo una demostración imposible.

Simplemente interactúa.

Puede iniciar una conversación, proponer una actividad, recordar una rutina o facilitar el contacto con un familiar, dependiendo del tipo de robot.

Y entonces aparece una pregunta que hace unos años habría sonado casi a ciencia ficción:

¿puede una máquina hacer que una casa se sienta un poco menos vacía?

Lo fascinante es que en 2026 ya tenemos algunas respuestas.

Existen robots terapéuticos con aspecto de animal, dispositivos diseñados específicamente para acompañar a personas mayores y sistemas capaces de conversar, recordar actividades o facilitar videollamadas.

Pero también hay muchísimo marketing.

Y conviene separar dos cosas que todavía están bastante lejos una de otra:

un robot que parece hacernos compañía y un robot capaz de cuidar de nosotros.

Lo primero ya empieza a ser realidad.

Lo segundo requiere bastantes más matices.

Qué es realmente un robot de compañía para personas mayores

Cuando hablamos de robots para personas mayores tendemos a imaginar inmediatamente un humanoide caminando por casa.

Probablemente ese sea el futuro más cinematográfico.

Pero no es necesariamente el presente más útil.

Un robot de compañía puede adoptar formas muy diferentes.

Puede parecer un pequeño animal, permanecer sobre una mesa, incorporar una pantalla o incluso ser esencialmente un asistente conversacional con presencia física.

Lo que los une no son las piernas ni los brazos.

Es la interacción.

Están diseñados para reaccionar ante la persona y, en algunos casos, generar una cierta sensación de presencia.

Eso los diferencia de otros robots domésticos.

Un robot aspirador puede resultar extraordinariamente útil para una persona mayor, pero su función principal es limpiar.

Un robot de compañía busca algo diferente:

interactuar con nosotros.

Y ahí la robótica entra en un territorio muchísimo más humano.

Qué pueden hacer hoy los robots de compañía para mayores

Persona mayor acompañada por un robot social durante su rutina diaria
Persona mayor acompañada por un robot social durante su rutina diaria

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Las capacidades varían enormemente entre productos.

Un robot relativamente sencillo puede responder al tacto, emitir sonidos y mover la cabeza.

Uno mucho más sofisticado puede mantener conversaciones, sugerir actividades, mostrar fotografías, realizar videollamadas o gestionar recordatorios.

Hablar y mantener pequeñas interacciones

Aquí es donde la inteligencia artificial está cambiando rápidamente las expectativas.

No debemos imaginar todavía una conversación idéntica a hablar durante horas con otra persona.

Pero sistemas actuales como ElliQ están diseñados específicamente alrededor de la interacción con adultos mayores.

ElliQ aprende intereses del usuario, propone actividades y utiliza cámara, pantalla, altavoces y micrófono. Su sistema también permite establecer recordatorios y compartir determinadas funciones con familiares o cuidadores.

Y hay algo interesante en todo esto.

Una conversación no necesita ser filosóficamente brillante para romper un momento de silencio.

Un:

—¿Te apetece escuchar música?

o:

—¿Quieres hacer una actividad?

puede parecer tecnológicamente trivial.

Pero dentro de una casa silenciosa adquiere otro significado.

Recordar rutinas y actividades

Algunos dispositivos pueden ayudar a estructurar pequeñas partes del día.

ElliQ, por ejemplo, permite establecer recordatorios y objetivos, y su aplicación para cuidadores contempla recordatorios relacionados con medicación e hidratación.

Aquí conviene poner una línea roja.

Un recordatorio no equivale a supervisión médica.

Que una máquina diga que ha llegado la hora de realizar determinada acción no significa que pueda comprobar de forma infalible que se ha realizado correctamente.

Es una ayuda.

No un cuidador sanitario.

Facilitar el contacto con familiares

Esta función me parece especialmente interesante porque cambia la idea de que la robótica necesariamente nos aísla.

Un robot también puede hacer justamente lo contrario:

convertirse en una puerta hacia otras personas.

ElliQ incorpora cámara para videollamadas y dispone de funciones mediante las que familiares y cuidadores pueden comunicarse y colaborar con el usuario.

Imagina que el verdadero valor del robot no es que sustituya una conversación con tu familia.

Es que haga más fácil que esa conversación ocurra.

Ese matiz cambia completamente la tecnología.

Proponer entretenimiento y estimulación

Música.

Historias.

Conversaciones.

Juegos.

Ejercicios cognitivos sencillos.

Recuerdos y fotografías.

Un robot de compañía puede convertirse también en una interfaz mucho más accesible para actividades que normalmente realizaríamos con un móvil o una tablet.

Y esto plantea una idea que me parece fascinante:

quizá una de las ventajas de dar cuerpo a la inteligencia artificial sea precisamente que dejamos de sentir que estamos manejando software.

No abrimos una aplicación.

Hablamos con algo que está ahí.

Robot social, robot asistencial y robot mascota: no son lo mismo

Aquí existe bastante confusión.

Un robot social está diseñado principalmente para interactuar con personas.

Un robot de compañía busca además generar sensación de presencia o vínculo.

Un robot mascota imita determinados comportamientos de un animal.

Un robot asistencial incorpora funciones orientadas a ayudar en actividades o necesidades concretas.

Y un futuro robot humanoide doméstico podría combinar varias de estas categorías.

Actualmente, sin embargo, los robots especializados siguen teniendo una enorme ventaja.

Un pequeño gato robótico no necesita saber recoger una taza.

Necesita reaccionar de una manera suficientemente convincente cuando alguien lo acaricia.

Y puede que para determinada persona eso sea muchísimo más importante.

Los robots de compañía para personas mayores que me parecen más interesantes hoy

No elaboraría un ranking tradicional de “los 10 mejores”.

Estamos ante productos demasiado diferentes.

Hay tres conceptos que explican mucho mejor dónde estamos actualmente.

PARO: cuando el robot no intenta parecer humano

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PARO es probablemente uno de los ejemplos más interesantes de toda esta historia.

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Tiene forma de cría de foca.

Y eso no es casualidad.

Dispone de sensores táctiles, de luz, sonido, temperatura y postura que le permiten reaccionar ante las personas y su entorno. El fabricante lo plantea como robot terapéutico y lleva años utilizándose en entornos sanitarios y asistenciales.

En España existe además un distribuidor oficial, AsturHealth.

Pero lo realmente interesante de PARO no es únicamente que se mueva.

Es lo que ocurre alrededor del robot.

Una revisión sistemática y metaanálisis de 12 artículos y 1.461 participantes con demencia encontró efectos pequeños sobre ansiedad, agitación y depresión y un efecto moderado sobre uso de medicación, aunque los propios investigadores calificaron la calidad global de la evidencia como baja y pidieron interpretar los resultados con cautela.

Eso es mucho más interesante que decir simplemente:

“PARO combate la soledad.”

La ciencia es más prudente.

Y precisamente por eso resulta más convincente.

Joy for All: la idea de una mascota sin sus responsabilidades

Hay otro enfoque que me gusta especialmente por su sencillez.

Los Companion Pets de Joy for All no pretenden convertirse en asistentes domésticos universales.

Son gatos y perros interactivos.

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El gato, por ejemplo, responde al tacto y al movimiento, ronronea y presenta comportamientos destinados a recordar a una mascota real. El fabricante lo comercializa específicamente pensando en adultos mayores y personas para las que mantener un animal real puede resultar complicado.

Aquí aparece una lección fantástica sobre robótica.

Más inteligencia no siempre significa más compañía.

Una máquina puede disponer de un modelo de IA gigantesco y, sin embargo, resultar emocionalmente fría.

Otra simplemente ronronea cuando la acaricias.

¿Y cuál de las dos genera más sensación de presencia?

Dependerá completamente de la persona.

ElliQ: probablemente la visión más cercana al compañero conversacional

ElliQ representa otra filosofía.

No intenta ser una mascota ni un humanoide.

Es un dispositivo de compañía diseñado específicamente para adultos mayores y construido alrededor de conversación, actividades, rutinas y conexión con familiares.

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Puede establecer recordatorios, gestionar objetivos y tareas junto a familiares, realizar videollamadas y adaptar algunas de sus interacciones a los intereses del usuario.

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Para mí, ElliQ representa una pista muy importante de hacia dónde puede dirigirse este mercado.

No necesitamos necesariamente que el robot tenga piernas.

Necesitamos que entienda por qué está en nuestra casa.

¿Y qué podemos comprar en El Corte Inglés?

Aquí prefiero ser especialmente transparente.

He revisado actualmente el catálogo de El Corte Inglés y no he encontrado un equivalente a PARO, Joy for All o ElliQ específicamente diseñado como robot de compañía para personas mayores.

Sí existe una categoría bastante amplia de mascotas interactivas.

Por ejemplo, está disponible el FurReal GoGo Puppy en El Corte Inglés. Mueve la cola y la cabeza, produce sonidos, puede pasearse con una correa y la ficha de El Corte Inglés establece un rango recomendado de 4 a 99 años.

También aparece el FurReal Peanut the Playful Monkey, capaz de caminar, sentarse, levantarse, reaccionar al contacto y producir diferentes respuestas. Su ficha también contempla edades de hasta 99 años.

¿Los recomendaría como sustitutos de un robot diseñado para mayores?

No.

Son juguetes interactivos.

No proporcionan las funciones de acompañamiento, comunicación o asistencia de ElliQ ni tienen la orientación terapéutica de PARO.

Pero puedo imaginar un caso concreto en el que un peluche interactivo sencillo resulte entretenido o afectivamente agradable para un adulto al que le guste ese tipo de producto.

Y ahí sí los contemplaría como una opción económica y lúdica.

No los vendería como algo que no son.

Esa diferencia es importante.

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¿Puede un robot reducir la soledad de una persona mayor?

Esta es probablemente la pregunta más importante de todo el artículo.

Y la respuesta empieza a ser científicamente interesante.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró que los agentes artificiales podían reducir significativamente la soledad en adultos mayores; dentro de los análisis realizados, los robots sociales obtuvieron mejores resultados que agentes basados en aplicaciones o web y los agentes con forma animal mostraron un efecto mayor que los humanoides.

Otro metaanálisis reciente que reunió 19 estudios y 1.083 participantes también encontró una reducción significativa de la soledad asociada al uso de robots sociales.

Y una revisión de ensayos en centros de cuidados de larga duración publicada en 2024 encontró efectos positivos sobre soledad y depresión.

Esto merece atención.

Pero no significa:

“Compra un robot y solucionará la soledad.”

La soledad humana es muchísimo más compleja.

Un robot puede estimular interacción.

Puede proporcionar una actividad.

Puede producir sensación de presencia.

Puede iniciar una conversación.

Incluso puede convertirse en tema de conversación entre residentes, familiares y cuidadores.

Eso no equivale a reemplazar amistad, familia, comunidad o contacto humano.

De hecho, una revisión anterior de ensayos controlados ya señalaba resultados prometedores sobre interacción y participación, pero advertía de las limitaciones de calidad de la evidencia disponible.

La posición que me parece más sensata es mucho más bonita que imaginar robots sustituyéndonos:

que ayuden a crear más momentos de conexión, no menos.

¿Qué ocurre cuando una persona mayor vive sola?

Aquí el potencial aumenta, pero también nuestra responsabilidad al recomendar tecnología.

Imaginemos una situación perfectamente posible.

Una persona se despierta.

Desayuna.

Lee un rato.

Pasan varias horas sin hablar con nadie.

Un robot inicia una pequeña interacción.

No ha solucionado el aislamiento social.

Pero ha ocurrido algo.

Ha aparecido una voz.

Una actividad.

Una respuesta.

Una pequeña ruptura del silencio.

Y quizá después el dispositivo facilite una videollamada con un hijo o un nieto.

Ahí encuentro mucho más sentido a esta tecnología que en la fantasía de construir una familia artificial.

¿Puede recordar medicamentos?

Algunos sistemas pueden generar recordatorios.

ElliQ, por ejemplo, permite que un cuidador establezca recordatorios relacionados con medicación e hidratación.

Pero hay que tener muchísimo cuidado con la forma de explicarlo.

Recordar no es controlar.

Un dispositivo puede decir:

“Es la hora de tu medicación.”

Eso no implica necesariamente que pueda verificar qué medicamento se ha tomado, qué dosis, si se ha ingerido correctamente o si existe alguna contraindicación.

Cuando hablamos de salud, el robot debe ser una capa adicional de apoyo.

Nunca la única barrera de seguridad.

¿Puede detectar una caída o pedir ayuda?

Depende completamente del producto.

No debemos atribuir esta función genéricamente a los robots de compañía.

Algunos sistemas asistenciales y dispositivos especializados pueden incorporar monitorización, sensores o mecanismos de alerta.

Una mascota robótica sencilla evidentemente no.

Y un robot conversacional tampoco debe considerarse automáticamente un sistema de emergencias.

Si detectar caídas o solicitar ayuda es una necesidad esencial, buscaría un dispositivo específicamente diseñado y certificado para esa función antes que elegir un robot simplemente porque resulta simpático.

¿Y un robot humanoide?

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Aquí es donde mi fascinación por esta tecnología se dispara.

Porque un robot de compañía actual puede hablar.

Pero imagina que además pudiera:

traer un vaso de agua,

recoger algo que ha caído,

transportar una bolsa,

acercar un objeto,

abrir determinadas puertas,

o realizar pequeñas tareas físicas.

Eso cambiaría radicalmente la categoría.

En nuestro análisis sobre qué puede hacer realmente un robot humanoide en casa hoy ya vimos que los humanoides están realizando tareas de manipulación cada vez más interesantes, pero todavía existe una enorme distancia entre una demostración controlada y funcionar con fiabilidad dentro de una vivienda real.

Y para una persona mayor esa fiabilidad importa todavía más.

Que un robot coloque mal una camiseta es anecdótico.

Que falle cuando una persona depende físicamente de él es otra historia.

Por eso creo que los primeros compañeros robóticos realmente útiles para mayores no serán necesariamente humanoides universales.

Probablemente veremos una evolución gradual.

Primero compañía.

Después pequeñas ayudas.

Después integración con otros sistemas del hogar.

Y solo cuando la manipulación física alcance niveles de seguridad extraordinariamente altos empezaremos a confiarles tareas más delicadas.

Lo que una persona mayor parece querer de un robot tampoco es ciencia ficción

Hay otro dato reciente que me parece particularmente interesante.

Una revisión sistemática publicada en 2026 sobre las preferencias de adultos mayores respecto a robots socialmente asistenciales encontró interés por aspectos como ayuda con tareas domésticas, interacción mediante voz, capacidad de control y compañía.

Me gusta porque devuelve la conversación a tierra.

No estamos hablando necesariamente de pedirle al robot:

“Explícame la naturaleza de la conciencia.”

Estamos hablando de:

“Háblame.”

“Ayúdame.”

“Haz que esto sea sencillo.”

“Déjame decidir cuándo quiero que intervengas.”

Eso es muchísimo más cercano a lo que debería ser la buena robótica doméstica.

Privacidad: cuando el compañero tiene ojos y oídos

Aquí aparece inevitablemente otra pregunta.

Si el robot escucha para poder responder…

¿qué escucha exactamente?

Si tiene cámara…

¿cuándo está activa?

Si aprende nuestras preferencias…

¿dónde se almacenan?

Si un familiar puede consultar determinada información…

¿qué puede ver?

Un robot diseñado para acompañarnos puede terminar conociendo rutinas extremadamente íntimas.

Hora de levantarnos.

Cuándo estamos en casa.

Con quién hablamos.

Qué actividades realizamos.

Incluso información relacionada con nuestro bienestar.

Por eso no compraría un robot de compañía avanzado sin comprobar como mínimo qué datos recopila, qué funciones dependen de la nube, qué controles de privacidad existen y qué información pueden consultar terceras personas.

La mejor tecnología para acompañarnos también debe saber cuándo dejarnos en paz.

Cómo elegir un robot de compañía para una persona mayor

Yo no empezaría preguntando cuál tiene más inteligencia artificial.

Empezaría preguntando por la persona.

¿Le gustan los animales?

Una mascota robótica puede resultar más natural que una pantalla parlante.

¿Disfruta conversando con tecnología?

Un dispositivo como ElliQ representa un concepto mucho más apropiado.

¿Tiene dificultades con pantallas y menús?

Entonces la interacción por voz y la simplicidad son fundamentales.

¿Lo que necesita realmente es ayuda física?

En ese caso probablemente un robot de compañía actual no sea todavía la solución.

¿Necesita contacto humano?

El objetivo debería ser facilitarlo, no reemplazarlo.

Y hay una pregunta que me parece incluso más importante:

¿quiere esa persona tener un robot?

A veces hablamos de tecnología para mayores como si el usuario final no participara en la decisión.

Y debería ser exactamente al contrario.

El robot va a entrar en su casa.

En su salón.

En sus rutinas.

En su intimidad.

Debe ser bienvenido.

Cuánto cuesta un robot de compañía para personas mayores

Aquí encontramos extremos enormes.

Una mascota interactiva sencilla puede costar decenas de euros.

Los Companion Pets de Joy for All se sitúan actualmente en Estados Unidos alrededor de los 160-180 dólares según el modelo en su tienda oficial.

PARO pertenece a otra categoría: es un robot terapéutico especializado distribuido también mediante proveedores sanitarios; en España existe distribuidor oficial, por lo que consultaría directamente las condiciones y precio actuales antes de plantear una compra.

Y los dispositivos conversacionales avanzados pueden incorporar además servicios asociados, conectividad o modelos comerciales diferentes.

Por eso comparar únicamente precios sería engañoso.

Un FurReal y PARO pueden tener aspecto de animal.

Pero no estamos comprando la misma categoría de producto.

¿Para quién puede tener sentido un robot de compañía?

Veo especialmente interesante explorar esta tecnología cuando la persona disfruta interactuando con dispositivos, pasa periodos prolongados sola, echa de menos tener una mascota pero no puede asumir sus cuidados, disfruta de rutinas y actividades guiadas o busca una forma sencilla de mantener contacto digital con familiares.

Pero incluso entonces no compraría uno pensando:

“Esto solucionará la soledad.”

Lo compraría pensando:

“Veamos si esta nueva presencia aporta algo bueno a sus días.”

Parece una diferencia pequeña.

No lo es.

Lo que todavía no pueden hacer

Aquí es donde conviene mantener los pies en el suelo.

Un robot de compañía actual no comprende la vida humana como nosotros.

No sustituye a un cuidador.

No sustituye al médico.

No sustituye una amistad.

No debería ser responsable por sí solo de una emergencia.

Y los modelos actuales tampoco combinan todavía de forma generalizada conversación natural extraordinaria, movilidad doméstica robusta, manipulación física segura, comprensión profunda del contexto y autonomía durante todo el día.

Pero observa lo interesante que es la lista.

Porque prácticamente todas esas capacidades están siendo investigadas por separado.

La conversación mediante IA está avanzando.

La visión artificial está avanzando.

Los humanoides están aprendiendo manipulación.

Los robots domésticos navegan cada vez mejor.

Los sistemas de voz son cada vez más naturales.

La gran pregunta de la próxima década es qué ocurrirá cuando todas esas piezas empiecen a encontrarse dentro de la misma máquina.

El robot que quizá terminemos esperando escuchar

Hay algo profundamente curioso en nuestra relación con las máquinas.

Al principio las observamos.

Después las utilizamos.

Y algunas terminan formando parte de nuestra rutina.

Ya ocurre con robots domésticos mucho más sencillos.

En nuestra guía sobre qué tareas pueden hacer los robots en casa hoy vimos que las máquinas especializadas empiezan a resultar realmente interesantes precisamente cuando dejan de ser espectáculo y simplemente hacen su trabajo.

Con los robots de compañía puede ocurrir algo diferente.

Quizá llegue un día en que el gran cambio no sea dejar de mirar al robot.

Sea notar su ausencia.

Imagino una persona acostumbrada a que una pequeña máquina la salude por la mañana.

A que le pregunte qué música quiere escuchar.

A enseñarle fotografías.

A recordarle que esta tarde hablará con su familia.

A responder cuando dice algo.

Nada de esto convierte al robot en una persona.

Y no necesitamos fingir que lo es.

Pero quizá hemos estado formulando mal la pregunta.

La cuestión no es si llegaremos a querer a un robot exactamente igual que queremos a otro ser humano.

La pregunta más inmediata es mucho más sencilla:

¿puede una máquina convertirse en una pequeña presencia agradable dentro de nuestra vida?

Los primeros estudios sobre robots sociales sugieren que merece la pena seguir investigándolo.

Y los primeros productos ya nos permiten vislumbrarlo.

Todavía estamos muy lejos del compañero robótico que camine por casa, nos conozca durante años, nos ayude físicamente y mantenga conversaciones extraordinarias.

Pero por primera vez las piezas empiezan a estar encima de la mesa.

Y quizá el gran triunfo de los robots domésticos no llegue cuando una máquina consiga ordenar perfectamente una cocina.

Quizá llegue una mañana cualquiera, en una casa tranquila, cuando alguien escuche:

—Buenos días.

Y sonría antes de responder.

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